“Me gustas como un oso en primavera”

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Tras constantes insistencias en que leyese a Murakami, y a pesar de mi paradójica aversión por la literatura contemporánea, me decidí a probar con “Norwegian Wood” (vulgarmente traducido como Tokio blues).
En mi opinión, su forma de narrar es impecable, podría decirse que casi perfecta. Y aunque la trama tardó en atraparme, finalmente lo consiguió. Y de qué manera. (Deberían darle de una vez el Nobel a este señor, y no a Bob Dylan.)
A cuenta de, tenemos gatín nuevo en casa, el bicho este de aquí abajo. Se llama Midori.

🙂

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Descubriendo Almuñécar

 

Madrugamos, nos llovió, pasamos algo de fresquito, pero al final salió el sol, ¡y las vistas merecieron la pena!

De esto hace ya casi un mes, un cálido y tropical paréntesis del largo y pluvioso invierno que Granada nos trajo este año.

Al principio no lo creí, pero era cierto que detrás del paseo de Velilla, en lo alto, hay algo más que una hilera de edificios con apartamentos playeros; unas rutas, unas vistas, unas colinas plenas de especies, retama y lentisco, y hasta un viejo acueducto romano intolerablemente abandonado. Sitios a los que solo un caminante experto te puede acercar (ese es mi padre! Que como podéis escuchar, entiende del tema). 12 kilómetros repletos de vegetación, ciudad, mar, y mucho entusiasmo. Es una gozada disfrutar de ese pequeño trocito de paraíso en el que, vayas cuando vayas, siempre hay casi diez grados más que en la ciudad. Y sobre todo, el sentimiento encontrado de anagnórisis al darme cuenta de que, por muchos años que lleves en un mismo sitio, si buscas bien siempre encuentras algo nuevo, algo bello (la grande bellezza, como diría Sorrentino).

Nunca fui muy de aquello de “hacer deporte”, pero va a ser verdad que está bien eso de caminar, y caminar, y caminar (siempre que sea en buena compañía, como lo fue esta).

Elogio a la mala memoria (en homenaje al “Dilema del erizo” de Arthur Schopenhauer)

– Pero entonces, ¿cómo lo hacemos?
– No lo sé.

– ¿Y si me acerco más?
– Vale. Vamos a probar.

– Pues parece que…
– ¡Detente, me hieres como espinas!

– ¡Sí que duele! ¿Mejor será que me aleje, no?
– Vale. Vamos a probar.

– Pues parece que…
– ¿Cómo dices? No te oigo.

– …esto está muy vacío.
– ¡No te oigo! ¡Por favor, vuelve!

– Vale. Pero entonces, ¿cómo lo hacemos?
– No lo sé.

– ¿Y si me acerco más?
– Vale.

Belleza

Belleza 

No hay amor sin belleza.
Belleza efímera,
venusta, enferma,
belleza cencida.

Belleza nefelibata,
negra y de ojos verdes,
flébil esplín de la noche,
verano por el día.

Belleza como un lampo,
que nunca se va,
pero tampoco se queda.

Belleza sigilosa
en pupilas lacrimosas,
ni sabe a dónde va,
ni de dónde viene.

Belleza polémica,
¡ay belleza!
¡Qué te va a pasar!

Ojienjuta,
agitas corazones a tu antojo,
tantas para bien,
tantas para mal.

Belleza te quiero,
como también te odio.
Belleza no te vayas,
Belleza vete lejos.

Sinopsis “En el camino” de Jack Kerouac

El término contracultura vale su peso tanto en virtudes como en calumnias, se cite en la época en la que se cite. El estadounidense Jack Kerouac (pionero de la generación beat) atropa la belleza y la suciedad que puedan deducirse de un vocablo a otro, en un quimérico rollo de papel que más tarde fue mesurado entre dos pastas y titulado “En el camino” (On the road).
La Norteamérica de los años 1940 y 1950 luce estrambótica, intelectual, bizarra, tal como el grupo protagonista de esta novela. El mismo Jack Kerouac, representado bajo el pseudónimo de Sal Paradise, hará las delicias de los más soñadores en su infinita búsqueda del intelectualismo puro, siempre por los caminos menos convencionales jamás vistos, y curiosamente, tan excéntricos como cotidianos.
Junto a su inseparable compañero, Dean Moriarty, un entrañable y mujeriego canalla que vive con lo puesto, y junto a tantos otros con aficiones y un modo de vida extrañamente idénticos, experimentarán a través de sustancias lisérgicas con el fin de encontrar nuevas formas de expresión bajo la alteración de los sentidos, viajarán de una punta del continente a otra dando nombre propio a cada ruta recorrida y se asomarán tanto a la contienda interna de todos aquellos con quienes topan, como a sus propios abismos, conociendo así cielo e infierno.
Entre tanto, la literatura acompañará entremezclándose con el jazz, que cobrará pulso propio con celebridades tales como Gillespie o Charlie Parker, y el maravilloso “bebop”.
Escrita como monólogo interior, Kerouac da a luz a la prosa espontánea, y esta no hace sino amamantarnos con una literatura freca, alegre, jovial, rozagante, plena de utópica esmeralda que nos hace entender, cómo cualquier visionario con papel y bolígrafo puede llegar a lugares inimaginables.

Lo admito, mi condición no me permite ser objetiva comentando esta novela, “On the road”. Es de mis favoritas. La adoro. Para mí es el epítome de la singularidad y la liberación.
Como dice mi buen amigo, Kerouac, “La única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un ¡¡¡Ahh!!!”

 

“Para la noche del 24 de Diciembre de 1940, en Inglaterra”

Es de gran estima para mí recordar hoy este poema de Borges, particularmente por su prodigioso verso final. Poema que desapareció y fue reencontrado después de su muerte.

Feliz vida.

“Que la antigua tiniebla se agrande de campañas,
Que de la porcelana cóncava mane el ponche,
Que los bélicos “crackers” retumben hasta el alba,
Que el incendio de un leño haga ilustre la noche.

Que el tempestuoso fuego, que agredió las ciudades
Sea esta noche una límpida fiesta para los hombres,
Que debajo del muérdago esté el beso. Que esté
La esperanza de tus espléndidos corazones.

Inglaterra. Que el tiempo de Dios restituya
La no sangrienta nieve, pura como el olvido,
La gran sombra de Dickens, la dicha que retumba.

Porque no hace dos mil años que murió Cristo,
Porque los infortunios más largos son efímeros,
Porque los años pasan, pero el tiempo perdura.”

Antagonistas

Del griego “ἀνταγωνιστής”, anti – agonistis, o hablando en castellano, “lo opuesto al luchador o al jugador”, es decir, al héroe.

Una vez más, lo dado por hecho no deja de sorprenderme, y es que es cierto que cuanto más se sabe, más queda por saber.

Estas últimas semanas los antagonistas han sido objeto de estudio en las tertulias literarias, que han estado muy animadas. Aunque puede parecer algo obvio, no lo es. Es un mundo enorme, fascinante, ¡y divertido! Además nos enseña a escribir algo sencillo. Es decir, algo bueno (y no hacerse un lío y acabar con Códigos Da Vincis) 🙂

Después de haber estudiado a los héroes he de decir que los antagonistas, y más particularmente los villanos, ¡dan muchísimo más juego! Escribí varias cosas (breves, en compañía, sin profundizar demasiado). En algunas de ellas tendí a caricaturizar, una trampa bastante común en estas arenas movedizas; así que mostraré algún escrito en el que solo represento alguna función de mis villanos particulares.

En esta sin nombre represento la función (perteneciente al nudo) de complicidad. Es aquella en la que el villano atrae a alguien a su bando.

“Ahora no me quedaba ninguna duda. Sabía a ciencia cierta que todo era verdad. Una por una las personas de su lista habían desaparecido. Era un hecho. Yo mismo las fui tachando desde que aquella fría mañana, hacía dos semanas, encontré aquella retahíla en mi buzón.

Por si fuera poco, no solo se habían evaporado del mapa aquellos pobres infelices presos de su infausto destino, también lo habían hecho sus esposas, sus hijos y hasta sus mascotas. Yo era el siguiente, y no podía permitirlo.

Quizás sea por esta fiebre que me devora desde aquel mismo día en que comenzó la cuenta atrás; quizás sea por mi aprensivo y particular descenso a la locura, y es por ello que siento que todo aquel con quien me cruzo me está persiguiendo; o quizás sea por la ausencia de una sola gota de alcohol en casa, que a modo de nepente me calme y consuele; pero ya no puedo con esta situación. Ha llegado la hora de cambiar de bando.”

En este otro relato, represento una tipología específica de villano, el monstruo. Un ser desprovisto de raciocinio alguno. Quizás es por ello que siempre ha sido mi debilidad (véase King Kong, qué penita)

“Se levantó, dio un paso hacia delante y murió.

La trama se cierra hoy, día noventa y siete. Todos hemos envejecido desde entonces, los que estaban a su favor, los detractores, todos. Y a decir verdad, un trozo de mí también ha muerto hoy.

Fue encontrado en la carretera, desnudo, deforme, y lleno de sangre, devorando a su primera y última víctima humana. Fue encerrado y estudiado, analizado, aislado, torturado hasta la saciedad, y fueron descubiertas sus motivaciones (a pesar de su falta de lenguaje). Motivaciones es una forma de decir naturaleza.

El Gobierno ha sido tajante, y ahora tengo claro que lo fue desde un principio. Esta cruel tregua concedida tan solo fue una pausa para hacernos asimilar.

Al final ni siquiera hizo falta la inyección, cualquiera habría muerto de forma natural viviendo en esas condiciones, si es que a eso puede llamarse vivir.

Le gustaba pintar con amarillo bajo luces tenues. Y escuchar música suave cuando estaba triste, quizás para ponerse todavía más triste. Hoy, escogí un pantalón bonito para ir al trabajo, porque me sentía horrible por dentro, sabía que esto ocurriría de un momento a otro. Es algo que él me enseñó a hacer.

Él. Era un monstruo. Pero quién no lo es.”